El fin de casi tres décadas de expansión laboral en Sinaloa

Tras décadas de expansión que permitieron duplicar la base de trabajadores registrados, el estado enfrenta hoy su peor primer semestre en cuatro años.

e la expansión al estancamiento: un análisis profundo del empleo en Sinaloa desde 1999 hasta 2026

Tras décadas de crecimiento sostenido que permitieron duplicar la base de trabajadores formales, el estado de Sinaloa atraviesa hoy una contracción que ha devuelto las cifras de empleo a niveles similares a los de hace un lustro.

El estado experimentó su primer semestre con las cifras de empleo formal más bajas de los últimos cuatro años. Hasta junio de 2026, se acumulan 17 meses consecutivos de caídas anuales en la generación de puestos de trabajo.

La pérdida de empleo formal reduce el ingreso disponible de los hogares, desincentiva el consumo y disminuye la recaudación de contribuciones fiscales, creando un círculo vicioso de precarización.

El techo histórico del empleo en Sinaloa

Para dimensionar el retroceso actual, conviene mirar la evolución de largo plazo. En 1999, el promedio mensual de puestos de trabajo en Sinaloa fue de 296 mil 697, calculado a partir de los registros de los 12 meses del año.

Esta cifra creció de manera constante hasta alcanzar los 395,035 empleos en 2010 y superar los 560,914 en 2019.

A pesar de los retos globales, la inercia positiva llevó al estado a su máximo histórico anual en 2024, con un promedio de 601,686 trabajadores asegurados

Es a partir de este punto que el empleo formal en Sinaloa dejó de crecer. Al cierre de junio de 2026, la cifra descendió a 566,980 puestos formales, lo que representa una caída del 0.38% respecto a 2025 y un desplome del 3.15% en comparación con junio de 2024.

Entre junio de 2024 y junio de 2026, Sinaloa perdió 17,871 puestos de trabajo formales.

Puedes hacer click en la gráfica para verla en mayor detalle en Flourish y visualizar la tabla de datos

Para dimensionar el impacto, esta cifra equivale a la desaparición simultánea de todos los trabajadores que estaban registrados en el primer trimestre de 2026 en los municipios de Badiraguato, Cosalá, Choix, Concordia, San Ignacio, Mocorito, Sinaloa, Angostura, El Rosario y Escuinapa juntos.

Los 17 meses de caídas anuales ya conforman un periodo de contracción mucho más prolongado que los ocho meses de descenso observados en 2009 tras el estallido de la crisis financiera global del 2008.

La capital del estado ha sido el epicentro de la nueva crisis. Solo en el primer trimestre de 2026, Culiacán concentró la pérdida de 7,731 registros, seguida por Guasave con 2,449 y Mazatlán con 1,590 bajas.

Los factores de la parálisis económica

La pérdida de empleo formal en Sinaloa es el síntoma de un entorno de negocios severamente afectado por una policrisis; es decir, el cúmulo de varias crisis que atraviesan a la entidad.

Como principales problemáticas que aportan a esta situación, aparecen tres protagonistas: la crisis de inseguridad y violencia, la crisis del campo agrícola, y la carencia de un plan de desarrollo económico de largo plazo en la entidad.

El conflicto iniciado en septiembre de 2024 ha provocado un marcado deterioro en el panorama de inversión. Tras 22 meses de tensiones, empresarios y académicos señalan que no existen condiciones óptimas para el crecimiento, una situación que incluso el Banco de México ha identificado en sus informes regionales.

En este periodo han desaparecido más empresas que en la pandemia. Entre 2024 y 2025, desaparecieron 2,347 empleadores registrados ante el IMSS, principalmente microempresas. A diferencia de 2020, cuando Sinaloa logró sumar nuevas empresas pese al COVID-19, la situación actual ha forzado el cierre recurrente de establecimientos emblemáticos

El comentario de Data Sinaloa

Más allá de las cifras y análisis, que por sí mismos presentan un panorama nada alentador, el deterioro económico de Sinaloa y particularmente de su centro neurálgico comercial: Culiacán, alarma desde el lado humano.

Aunque la frase «detrás de cada empleo perdido hay una persona» ha sido repetida hasta la frivolidad en el discurso público, ello no le resta vigencia cuando se observa cómo ha cambiado la vida cotidiana en Sinaloa.

Entender la humanidad que existe detrás de cada empleo desaparecido urge la necesidad imperante de tomar y exigir acciones desde la política pública para remediar los estragos en el tejido económico y social que la crisis ha causado. Esto, sobre todo al tener en cuenta las vulnerabilidades intrínsecas del entorno social sinaloense, donde el deterioro económico profundiza las condiciones que favorecen la perpetuidad de los ciclos de violencia.

A riesgo de ser etiquetado como uno de esos «agoreros del desastre» a los que aludió el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya al inicio del periodo de violencia, no resulta difícil prever que la crisis económica que atraviesa Sinaloa seguirá dejando consecuencias mientras no se atiendan sus causas.

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